sábado, 28 de julio de 2012

Para toda la vida


          Abrí la puerta y allí estaba él, con la mirada perdida. “Tenemos que hablar” me dijo, y en ese momento pude presentir que no se trataba de nada bueno:

-          Siéntate- Me dijo ofreciéndome una silla.-  Lo que te tengo que contar no es fácil.
-          Sabes perfectamente que las malas noticias no dejan de serlo por escucharlas sentada…

Tras un momento de titubeo, lo soltó:

-          Se acabó…
-          ¿Qué se acabó el qué?- Pregunté temerosa.
-          Lo nuestro… No puedes imaginar cuento lo siento. Yo…

No pude callarme. Aquello era indignante:

-          ¿Pero qué me estás contando? ¿Qué lo sientes? Yo sí que lo siento… Siento haber estado viviendo en una mentira cinco años. Lo siento porqué…
-          Si me dejas terminar te lo explico.- Me espetó él.
-          No puedo dejarte terminar. ¿Sabes por qué? Porque ayer, en este mismo salón, me dijiste que me querrías toda tu vida…
-          Y es lo que he hecho- Me contestó él abatido.
-          ¿Pero qué…?

En ese momento, el teléfono sonó dejándome con la frase a medias:

-          No te muevas de aquí, porque aun no he terminado- Le medio grité mientras cogía el teléfono.- ¿Sí?
-          Buenas tardes. Le llamamos del hospital “Oeste”. ¿Es usted la pareja de Pablo Ayala?
-          Sí.- Contesté extrañada.
-          Tenemos que informarle de que Pablo ha tenido un grave accidente…
-          Espere, se está confundiendo. Pablo está aquí conmigo.- Le dije mirando atrás, pero para mi sorpresa, Pablo ya no estaba allí.

Eso fue lo último que hice antes de escuchar al otro lado de la línea la frase “ha muerto”, sin llegar a asimilarla. Acabé sentada en la silla que Pablo me había ofrecido minutos antes, con el teléfono aún en la mano y una tenue voz saliendo de el, preguntando si me encontraba bien. 

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