sábado, 18 de agosto de 2012

Nubes


Tito…

¿Qué?

¿Qué hay que hacer para no crecer?

¿Cómo?

Eso, que qué es lo que tengo que hacer para ser siempre un niño.

Jajajaja, eso es imposible. Todo el mundo se hace mayor… Tu algún día serás como yo o como tu padre…

Jo, pero yo no quiero…

¿Y eso por qué?

Porque no. Porque los mayores estáis todo el día trabajando, sin tiempo para jugar con vuestros amigos; siempre estáis enfadados o preocupados por algo… No coméis chuches, no os gustan los dibujos animados ni se os caen los dientes para que venga el ratoncito Pérez, los reyes magos no os traen juguetes, ¡os traen ropa!... Y lo peor es que mi hermana ya se ha hecho mayor.

¿Y cómo sabes eso?

Porque ayer en el coche, le pregunté si ella también veía el perro que habían formado las nubes y me dijo que la dejase en paz, que estaba escuchando música;  que eso eran cosas de niños, que las nubes solo son nubes y solo tienen forma de nubes…  Y eso es lo peor de hacerse mayor.

¿El qué? ¿Descubrir que las nubes solo son nubes?

No… Lo peor de hacerse mayor es que estás siempre tan ocupado que ya nunca miras al cielo para descubrir las formas que tienen las nubes.


Maite Reyes

domingo, 5 de agosto de 2012

Pan-pepino


                Hay momentos en la vida en los que te encuentras tan, pero tan bien, que es el mejor momento de dar un frenazo y reflexionar sobre lo que te rodea para darte cuenta de cuál es la causa. Este fin de semana a mi me ha pasado y quiero dejarlo por escrito porque creo que las causas se lo merecen, aunque después me digan que vaya cursi estoy hecha.
                Se puede decir que acabo de llegar de uno de los mejores fines de semana de mi vida. Aparte de por la comida, por la fiesta pitufil, por el piscineo y otros factores varios, si valoro tanto este viaje es precisamente porque me ha hecho darme cuenta de lo importante que es valorar. Valorar lo que se tiene y valorar lo que se quiere tener, ya que es la única forma de poder tenerlo. Creo que esto debería de aplicarse a todo, pero yo me voy a centrar en las personas; porque si te fijas, casi todas ellas llegan de casualidad. Los amigos, por ejemplo, puedes elegirlos, pero son personas que al principio conoces de casualidad, no es alguien que ya te hubiesen impuesto antes de nacer. Es más, muchas veces acabas siendo amigo de la persona que menos hubieses imaginado. Pero una vez que ya está ahí y que la amistad deja de ser casualidad, hay que cuidarla si quieres seguir conservándola, y para eso es fundamental saber valorar. Porque la mayoría de las veces, dejamos de ser conscientes de que esa amistad surgió por casualidad y parece que ya es algo tuyo que nunca se va a mover de donde está, y dejas de valorar todo lo que habéis hecho para llegar a conseguirla. Es un poco como el respirar, que es algo ya tan nuestro que dejamos de valorar realmente su importancia, dejamos de ser conscientes de que es lo que nos mantiene vivos. Por eso son buenos los frenazos de vez en cuando, para darte cuenta de qué personas siguen estando ahí y sobre todo como influyen en tu vida. Y este fin de semana, en especial dos personillas despertadores, me han vuelto a demostrar el porqué siguen estando ahí y porque voy a seguir valorando lo que quiero tener. Se puede decir que la casualidad en mi vida está bastante de mi lado y como diría el fantasma de casa Lampou “eso es un pepino”. Y ahora vuelvo a acelerar para poder seguir disfrutando de lo que la casualidad me quiera traer y si no, con lo que ya tengo, estoy más que servida.

Dedicado a la pan y al pepino más fiesteros de toda casa Lampou y parte de la bahía.