lunes, 1 de febrero de 2016

Cuestión de...

Algunos te verán de lejos y podrán ver quizás a una chica mona, alta y bien vestida; cuestión de desconocidos…
Lo que ellos no pueden ver es a la persona que me ayudó, sin saberlo, a crecer, a ganarme mi propio estilo, aunque difiera tantísimo del tuyo. Quizás ahí esté el quid de la cuestión.

Habrá quien conozca tu parte más amable, tu sonrisa y tus buenos días o buenas tardes; cuestión de conocidos...
Pero pocos saben lo que es reírse contigo cuando tienes un mal día, confabularse para ganar una discusión a muerte por si casillas es o no el mejor portero que ha tenido la selección, o inventar una broma épica.

Otros si se acercan más, también verán a una chica inteligente y meticulosa, que se ha ganado lo que tiene; cuestión de compañeros…
Pero ellos no han podido tenerte de reflejo para luchar por lo que querían y saber que con esfuerzo, al final todo llega.

Otros, más afortunados, conocen tu parte más fiestera, más amable, más considerada; cuestión de amigos…
Pero no creo que sepan lo que es estar aburrida en casa y poder contar contigo para hacer vídeos de los que después morirse de vergüenza aunque también de la risa, cuando a los años vuelves a verlos.

Hay quien comparte los grandes momentos de tu vida y de la suya, quien ha estado en las malas y en las buenas, celebrando y apoyando; cuestión de familia…
Pero si hacemos un recuento de todos esos momentos, no creo que haya nadie que más cerca te haya tenido cuando algo de eso ocurría, que haya compartido manifestaciones, confesiones, preocupaciones, antes que yo.

Por supuesto es cuestión de padres estar orgullosos de los logros de su hija y de su felicidad…
Pero dudo que nadie haya podido sentir el orgullo que yo sentía cuando venías a defenderme del patio de los mayores o cuando alguien habla bien de ti, y yo contesto “sí, es mi hermana”.


Orgullo, espejo, risas complices, defensas a ultranza, una vida compartida… Eso, eso es cuestión de hermanos.