Esta es la historia de cómo un
bosón de Higgs se quiso convertir en huevo frito. El bosón siempre había sido
feliz, desde que creó el mundo y nunca jamás había ido presumiendo porque lo
llamasen dios. Pero uno de estos días, un átomo, envidioso de la fama que el
bosón estaba adquiriendo por ser el descubrimiento del siglo, le retó a
convertirse en huevo frito. El bosón se acordó de dos de las cosas que su
padre, fan de los simpsons, le dijo antes de morir: Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas, hijo: tire y empuje,
y la otra cosa fue: si te lanzan un reto,
acéptalo y superarlo, nunca lo rechaces. El bosón, que además odiaba las discusiones, aceptó
sin pensárselo dos veces. Por un momento se agobió más que un teletubbi en una
cama de velcro, porque convertirse en huevo frito no iba a ser fácil; pero
tenía que superar el reto, aunque ello le supusiese tener que vivir al límite. Eso
sí, decidió emprender esta nueva aventura al día siguiente, pues si algo tenía
claro el bosón, es que nunca hay que dejar para hoy lo que puedas hacer mañana.
Al día siguiente, un fotón amigo suyo le ofreció su ayuda: “!Eh, Higgs! Un
pajarito me ha dicho que quieres convertirte en huevo frito. ¿Te ayudo?”. El
bosón lo miró con cara de circunstancias y pensó: ¿Desde cuándo los pájaros
hablan?, pero como necesitaba ayuda, la aceptó: “Claro que sí. Oye una pregunta
que me llevo haciendo desde hace tiempo y ya que tú te mueves en el campo de la
electromagnética… Edison cuando descubrió la electricidad, ¿dio a luz?”. Nunca
jamás supimos la respuesta a esta pregunta como tampoco sabremos qué pasa si
Pinocho dice: ahora me va a crecer la
nariz. Lo que sí sabemos es que el fotón se puso manos a la obra. Intentó
con su radiación convertir a su amigo en huevo, pero lo único que consiguió fue
freírlo un poco. Todo fue inútil, como apretar mas fuerte el mando cuando se le
gastan las pilas o irte de la playa cuando está lloviendo. A partir de ese
momento, al bosón de Higgs se le quitaron las ganas de trabajar, porque además
con la apuesta había perdido toda su energía, era pobre. Intento darse a la
bebida para olvidar su pobreza, pero no tenía dinero para el alcohol. Y fue
entonces cuando recordó lo que su padre le pidió antes de desaparecer y
convertirse en antipartícula: que de mayor siguiese su ejemplo y se convirtiese
al amiantismo, y por tanto, nunca jamás en su vida vomitase purpurina. Y fue
así como el bosón, queriendo convertirse en huevo frito, terminó por ser un
amiantista más de la vida.
Maite Reyes

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