domingo, 8 de julio de 2012

Un bosón amiantista


          Esta es la historia de cómo un bosón de Higgs se quiso convertir en huevo frito. El bosón siempre había sido feliz, desde que creó el mundo y nunca jamás había ido presumiendo porque lo llamasen dios. Pero uno de estos días, un átomo, envidioso de la fama que el bosón estaba adquiriendo por ser el descubrimiento del siglo, le retó a convertirse en huevo frito. El bosón se acordó de dos de las cosas que su padre, fan de los simpsons, le dijo antes de morir: Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas, hijo: tire y empuje, y la otra cosa fue: si te lanzan un reto, acéptalo y superarlo, nunca lo rechaces. El bosón, que además odiaba las discusiones, aceptó sin pensárselo dos veces. Por un momento se agobió más que un teletubbi en una cama de velcro, porque convertirse en huevo frito no iba a ser fácil; pero tenía que superar el reto, aunque ello le supusiese tener que vivir al límite. Eso sí, decidió emprender esta nueva aventura al día siguiente, pues si algo tenía claro el bosón, es que nunca hay que dejar para hoy lo que puedas hacer mañana. Al día siguiente, un fotón amigo suyo le ofreció su ayuda: “!Eh, Higgs! Un pajarito me ha dicho que quieres convertirte en huevo frito. ¿Te ayudo?”. El bosón lo miró con cara de circunstancias y pensó: ¿Desde cuándo los pájaros hablan?, pero como necesitaba ayuda, la aceptó: “Claro que sí. Oye una pregunta que me llevo haciendo desde hace tiempo y ya que tú te mueves en el campo de la electromagnética… Edison cuando descubrió la electricidad, ¿dio a luz?”. Nunca jamás supimos la respuesta a esta pregunta como tampoco sabremos qué pasa si Pinocho dice: ahora me va a crecer la nariz. Lo que sí sabemos es que el fotón se puso manos a la obra. Intentó con su radiación convertir a su amigo en huevo, pero lo único que consiguió fue freírlo un poco. Todo fue inútil, como apretar mas fuerte el mando cuando se le gastan las pilas o irte de la playa cuando está lloviendo. A partir de ese momento, al bosón de Higgs se le quitaron las ganas de trabajar, porque además con la apuesta había perdido toda su energía, era pobre. Intento darse a la bebida para olvidar su pobreza, pero no tenía dinero para el alcohol. Y fue entonces cuando recordó lo que su padre le pidió antes de desaparecer y convertirse en antipartícula: que de mayor siguiese su ejemplo y se convirtiese al amiantismo, y por tanto, nunca jamás en su vida vomitase purpurina. Y fue así como el bosón, queriendo convertirse en huevo frito, terminó por ser un amiantista más de la vida.


Maite Reyes


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