Había
llegado el momento. Llevaba toda una vida odiándola, desde que comenzaran a
trabajar juntos. Al principio trataba de entenderla, quería creer que no lo
hacía con mala intención, ya que, al fin y al cabo, era su trabajo. Pero no
podía soportarlo más. Él, que siempre se esforzaba al máximo para que su
trabajo fuese inteligible, quedase bonito y causara una buena impresión; todo
para nada, pues a los pocos segundos de acabarlo, y tras un insoportable
momento de indecisión, llegaba ella y con un solo movimiento convertía todo su esfuerzo en nada. Pero ahora él había
descubierto cual era su punto débil: cuanto más trabajaba, mas se acercaba al
fin de su existencia. Así que había llegado el momento de su particular “vendetta”.
Ese día, concentró toda su energía en equivocarse. Recalcó su trabajo para que
ella tuviese que aplicarse aun más, y de esta manera, en muy poco tiempo,
consiguió dejarla en las últimas. El golpe final, en su caso, la raya final, le
trajo su tan ansiada recompensa: un rastro de color rosa indicaba el final de
su enemiga. Ya iba a empezar a celebrarlo, cuando de fondo escuchó una voz que
lo dejó petrificado:
-
Chicos, creo que ya sois lo
suficientemente mayores como para poder empezar a utilizar el bolígrafo. Así
que ya sabéis, ¡lápices fuera!- Dijo el profesor.
Y eso significó el final de sus
días.
Maite Reyes
Maite Reyes

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